
Somos un grupo de laicas, laicos y religiosas de María Inmaculada que hemos encontrado en el seguimiento de Jesús, bajo la mirada de Vicenta María, una forma de expresar en el mundo los anhelos profundos de nuestro corazón.
Nuestra experiencia de Dios resulta en un modo particular de ser en el mundo.
Jesús es universal. Lo que nos ha mostrado se volvió entonces patrimonio de toda la humanidad bajo la forma de una nueva comprensión de nosotras mismas. Ahora bien, nuestra misión es que ese patrimonio no se pierda. Lo custodiamos, transmitimos, cuidamos, actualizamos y encarnamos no ya exclusivamente, sino de la mano de otras perspectivas. Somos su memoria, ecos de su mensaje.
Un carisma
mediación.
En nuestra tradición se dan cita planchas y escobas, cubos de ropa en remojo y nudillos heridos por la sosa, agujas, hilos y fregaderos… Esto no es sinónimo de incultura. Al contrario, estuvo preñado de alfabetización y cuentas, lecciones de cultura general, escuelas dominicales y teatro, y sobre todo la insistencia de que todas hicieran los ejercicios espirituales pues
«nadie en el mundo se preocupaba de cuidar y moralizar a las pobres sirvientas»
M.ª Teresa Orti recordando las motivaciones de Vicenta M.ª
Las chicas deberían aprender a valerse por sí mismas y descubrir que al mismo tiempo Dios se da y sostiene.
Así empieza a crecer nuestro hogar.

Este es hoy nuestro legado como educadores y educadoras.
La acogida incondicional, compartiendo y estando cercanos a los jóvenes.
Creyendo en cada uno, en sus posibilidades. Con una mirada positiva.
Con amor y ternura entrañable.
Transmitiéndoles nuestra propia experiencia de sabernos personas amadas y salvadas por Dios.
Despertando y posibilitando en cada joven el encuentro personal con Aquel que les ama y salva.
Dios se actualiza en nosotras, discípulas y discípulos de Vicenta María, a través de nuestra sencillez, cuidado, presencia, cariño, acompañamiento, delicadeza…

