
El 11 de junio de 1876
se da el primer reconocimiento oficial por parte de la Iglesia de la obra que Vicenta María venía gestando por dentro. Desde el 71 observaban «un orden de vida uniforme» y para ello habían dispuesto «unas reglitas provisionales». Serán lo que conocemos hoy por Constituciones.
«Escritas al ritmo de la experiencia vital»
En algunos de los borradores de su redacción, Vicenta María les llama «modo de vida» pues no se han escrito para la lectura sino para ser puestas en práctica.
Lo que se celebraba ese día, la Trinidad, da entonces un sabor especial a su obra. Algo de eso quiere Dios que esté encarnado en ella. Pues cuando la Vida se encarna en la historia nos habla a través del Espíritu que sostiene cada cosa. Si nos paramos a escucharlo, nos reconoceremos a nosotras mismas, lo más profundo y cálido de nosotras mismas, ese calor de hogar… Vicenta María conecta con ese espacio interior y lo plasma en esta obra.
Principios y fundamentos
Hay un dinamismo último de la Vida benéfico y equilibrado con todas las cosas. En silencio interior permites que los horizontes de la experiencia humana se concreten en lo que en cada momento es adecuado y respetuoso para ti, para los demás y para con el fluir de los eventos. Es lo que Vicenta María llamaba la voluntad de Dios. Su biografía fue cada día más profundamente animada de ese movimiento.

El devenir
Desde entonces nos experimentamos a nosotras y nosotros mismos como un proceso. Como grupo, vamos atravesando nuestras luces y sombras, para ser facilitadoras y facilitadores del cuidado del hogar interior, guardianas y guardianes de ese espacio íntimo. Desde allí, acompañamos y acogemos a nuestros jóvenes para que encuentren su hueco en el mundo.

