“Mirad que realizo algo nuevo; ya está brotando, ¿no lo notáis? Yo voy a hacer algo nuevo. Voy a abrir un camino en el desierto y ríos en la tierra estéril” (Isaias.43,18-19)
Al intentar poner palabra y compartir contigo algo sobre la ESPERANZA CONFIADA, son las palabras del profeta Isaías las que hacen brotar en mi la certeza de esta especie de bienaventuranza: «Feliz tú, porque tienes todas las posibilidades de vivir una Esperanza Confiada». Sí porque “algo nuevo está brotando”. Aunque no lo notemos.

Y, al formular estas dos palabras me brota otra certeza: “Bella y sugerente me parece esta unión: ESPERANZA CONFIADA”. Pero me pregunto: ¿Esperanza confiada o esperanza Y confianza? Dos palabras que, sin duda, podemos decir que están de tal manera conectadas una con la otra que se hacen inseparables, formando un dúo que interpreta una sinfonía armoniosa para la vida, en un mundo conectado.
Y, de nuevo, nacen otros interrogantes:
¿Cómo puedo tener esperanza si no tengo confianza? O ¿qué puedo esperar si ando por la vida desconfiando de todo y me falta confianza en mí misma, en las personas, lo que me rodea, me falta fe en Dios y no acabo de creer que Él, aquí y ahora, sigue “abriendo caminos en el desierto y regando la tierra estéril”?
Y, avanzando en mi reflexión me encuentro con esta afirmación: “la Esperanza es un vínculo o relación de confianza que establecemos con Dios”, me pareció genial, me confirma todo lo anterior y, esta relación de confianza, se ensancha hacia los demás, hacia nosotros mismos y hace que nuestra mirada al mundo en el que vivimos, sea una mirada de Esperanza Confiada, de Fe. Sabiendo que la última palabra la tiene Dios cuya promesa se cumplirá. “Yo sé los planes que tengo para vosotros, planes para vuestro bienestar y no para vuestro mal, a fin de daros un futuro lleno de esperanza. Yo, el Señor, lo afirmo” (Jeremías 29,11)
Y porque esperamos y confiamos en la Palabra de Dios, no perdamos de vista que, cuando nuestras expectativas optimistas no alcanzan y solo arrojan un manto de ilusiones a nuestras dificultades, una perspectiva práctica acerca del verdadero significado de la Esperanza centrada en la Biblia es clave a la hora de enfrentarnos con la incertidumbre, el desaliento o la desesperanza.
Otros textos breves
★ Cultivar la esperanza no significa abandonarse en un optimismo ingenuo, sino creer con firmeza que el Espíritu sigue actuando en la historia y que nos da clarividencia y fortaleza para vivir este tiempo como de gracia.
★ La esperanza no es ausencia de dolor, sino presencia de Dios en el dolor.
★ Es la esperanza la que nos pone a todos en camino siendo artesanos de la paz… Como se pudo escuchar en el Jubileo de la vida consagrada.
★ Al final hemos venido al mundo a ser felices, a vivir con alegría y a que los demás puedan disfrutarla.
★ Contemplar la ESPERANZA como una niña frágil pero perseverante, llevada a hombros del sufrimiento y de la fe. (Charles Péguy)
★ Una Esperanza activa: es confiar en la fecundidad de lo pequeño, de lo oculto y lo aparentemente insignificante…
Y las bellas palabras del Papa Francisco, instándonos a mirar con nuevos ojos nuestra existencia. (…) Y a mirarla a través de Jesús, “el Autor de la esperanza”: La ESPERANZA, la más pequeña de las virtudes, pero la más fuerte.
Otras fuentes
Esperanza es
★ Una actitud que ayuda a enfrentar dificultades con buen ánimo y perseverancia, descubriendo lo positivo de las personas y las circunstancias, a pesar de vislumbrar un horizonte oscuro.
★ Un estado de ánimo que nos ayuda a considerar como posible aquello que anhelamos.
★ Una fortaleza de carácter.
Y entre lo paradójico y lo esencial, el fundador de la Psicología positiva(Seligman), hizo algunos aportes científicos en relación al tema en cuestión. Al estudiar a las personas con desesperanza, concluyó paradójicamente que las personas optimistas cuentan con una fortaleza que les permite ver las dificultades como algo superable; los pesimistas tienen ocho veces más probabilidades de deprimirse cuando se enfrentan a contratiempos. También señalo que esta habilidad del pensamiento y de acciones lograban mejorar la calidad de vida de las personas.
A pesar de las múltiples dimensiones de la esperanza, hemos de decir que llega a ser insuficiente si no nos guía a la Persona, a quien es la verdadera esperanza, es decir, a la presencia efectiva de Dios, al Emmanuel, el “Dios-con-nosotros” que nos disponemos a contemplar, en el cercano tiempo litúrgico de Adviento.
Oración de gratitud
Señor, Gracias por el gran regalo de la ESPERANZA.
Ayúdanos a distinguir las cosas verdaderamente importantes.
Danos fuerza para trabajar por las cosas que permanecen.
Hasta en la familia y en la Iglesia hay falta de entendimiento
y mi pobre esperanza se seca,
como una hoja en otoño.
Tú nos dices: “No tengáis miedo, confiad en mí, Yo estoy con vosotros, todos los días
hasta el fin del mundo”. No vencerá el egoísmo.
Vencerá el amor y mi esperanza comienza a reverdecer de nuevo.
Gracias por esta esperanza, más fuerte que el dolor y la muerte.
Que la fuerza del Espíritu nos ayude a cuidarla y a compartirla.
por Paquita Jurado, rmi.



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