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La segunda carta a los Corintios en su conjunto, cuyo extracto leemos hoy, miércoles de ceniza, nos puede ayudar a la hora de contestar a lo sugiere el título de la entrada. Veamos un poco de su contexto.

Es una de las siete “auténticas” de Pablo, aunque es muy probable que en realidad sea una composición de varias cartas redactadas por él entre los años 53 y 55.

En su paso por Corinto algún tiempo antes, había dejado tras de sí unas comunidades de creyentes en Jesús. Con un detalle. Es que Pablo creía firmemente que el mesías -que desde su experiencia en Damasco identificaba con Jesús, aquel galileo crucificado- iba a “volver” dentro de unos pocos años reuniendo definitivamente a todas las personas en él.

Se acabaría entonces la historia en el espacio y el tiempo. Todo terminaría bien. Si todo iba a terminar pronto, no era prioritario organizar la comunidad, buscar medios de subsistencia, estructuras de liderazgo u otras cuestiones prácticas, en fin, todo lo necesario para que perduraran en el tiempo. No es dificil imaginar cómo eso ha favorecido que a los pocos meses sin Pablo surgieran los problemas.

Timoteo llega de Corinto dando noticia del mismo panorama que unos meses antes ya le habían reportado Estéfanas y Cloe.

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Le informa que la situación había empeorado todavía más con la llegada de unos misioneros, creyentes en Jesús de procedencia judía, que habían alterado la comunidad (2 Cor 3,1). Es posible que tales misioneros vinieran de las comunidades de Pedro, considerando el modelo de este como mejor modelo de comunidad.

Se conjetura que ante semejante escenario Pablo haya viajado a Corinto para paliar el problema.

Pero el viaje fue un desastre

Entonces «con un estado de ánimo herido escribió una de las cartas más emotivas en las que la dureza, la represión y el insulto se combinan con el llanto, la ternura, el deseo de reconciliación» (Carlos Gil, Escritos Paulinos, p.168).

La cuaresma que hoy empezamos es esto: reformulación, reubicación, redirección, reconciliación.

En esta carta hay además muchos detalles que reflejan una experiencia vocacional que da un giro de 180 grados a su vida, su proceso de reinterpretación de las tradiciones, su comprensión del evangelio y de la misión, su espiritualidad, su comprensión del liderazgo, etc.

Y todo ello surge a partir de lo que está viviendo.

Todo ello es respuesta: a cada conflicto, a los desafíos que tiene delante,… En otras palabras, es la realidad concreta la que le ayuda a definirse, conocerse, comprenderse a sí mismo. La visión que tiene de sí mismo, de Dios, es una respuesta.

Somos respuesta.

Quedémonos con un ejemplo: estos misioneros, a quienes Pablo llama irónicamente «superapóstoles» pero con quienes también busca la reconciliación, le reprochaban no haber conocido personalmente a Jesús. Eso, decían, deslegitimaba su mensaje. Pablo se defiende aludiendo a que su conocimiento “revelado”, es decir, su encuentro con Jesús resucitado es para él mucho más profundo que el que pudiera haber tenido si hubiese caminado con él.

Eso nos da un poco de tranquilidad a nosotras que no hemos caminado con Vicenta María

Nos muestra que podemos aún así buscar un conocimiento profundo del carisma, un sentido profundo de lo «doméstico». Nos muestra, que el carisma está también en el aquí y ahora, no solo en el origen. Podemos por eso bucear en él a través de la realidad que estamos viviendo, buscando y hallando nuevos sentidos, si cabe.

Sea esta cuaresma y todos sus acontecimientos, un camino abierto a ello.

por el equipo de El hatillo.

Feliz y honda cuaresma a todos y todas.

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