Todos tenemos deseos, anhelos profundos, sueños que perseguimos, y tenemos la fuerza, las circunstancias o el valor para hacerlo, y otros que se nos atascan, que no sabemos perseguir, porque no encontramos el momento o la forma.
El deseo es importante. Y necesario. Pero no puede ser nuestra única guía. No todo lo que queremos es bueno. Ni todo lo que anhelamos es malo. Somos contradictorios, y a veces nuestros afanes nos llevan a perseguir metas en las que de verdad nos realizamos; otras veces, en cambio, nos enzarzamos en proyectos estériles, a veces contradictorios con los valores que decimos en voz alta…pero el que solo se deja guiar por el deseo puede terminar siendo una veleta, que se mueve de un lado a otro, pero sin apuntar en una dirección fija. Y en la vida sí necesitamos saber qué queremos, por qué optamos, por qué estamos dispuestos a pelear y a qué estamos dispuestos a renunciar. Aunque no siempre es fácil.
En estos momentos que quieres, que anhelas o deseas? ¿por qué estás dispuesta a pelear o a renunciar para conseguirlo?
«María guardaba todas estas cosas en su corazón»
Lc 2, 19
Hay muchas cosas que nos pasan por dentro y ni se ven. Tras nuestra fachada, que puede ser de calma, a veces hay tormentas. Tras la sonrisa se puede esconder el dolor. O tras la seriedad puede estar bullendo el entusiasmo. Por dentro somos vulnerables, y sólidos; reflexivos, o impulsivos. Hay en nosotros tantísimas emociones, huracanes, o brisas suaves, todo por dentro…Y Ahí encaja, también, el deseo. Es muy útil saber ponerle nombre a todo eso que se nos mueve en el interior … Una de las grandes lecciones que tendríamos que aprender en la vida es cómo somos cada una por dentro.



Deja un comentario