Especial Vocación
La tripartición clásica -sacerdotal, religiosa y laical- no es otra cosa que una manera de ordenar lo que, en el fondo, es una misma realidad. Apunta a esa única llamada, a esa vocación fundamental: la atracción hacia el consumarnos plenamente. La forma como cada uno la actuamos va a depender de lo que nos va colocando Dios en el camino, también de las respuestas que vamos dando…


Mi vocación surge en contacto con las RMI y es en el encuentro personal con Jesús en la oración, donde se va configurando mi opción. Me ha marcado la frase de Pablo: «el amor de Dios es derramado en mi corazón por el espíritu que me ha sido dado (Rm 5,5)».
Esta fuerza interior, fue configurando y transformando mis actitudes y acciones: fueran perdiendo valor cosas que para mí eran importantes y pude descubrir en el hondón de mi corazón que estaba llamada a algo más, que Dios me quería para sí, en entrega generosa a los jóvenes.
Puedo decir que me sentía enamorada de Jesús.
Mi corazón albergaba, en medio de tanto desconcierto por no saber qué me estaba pasando, una profunda paz y confianza.
El poder descubrir y responder a lo que Dios quiere de cada uno de nosotros es lo que nos permite encontrar la felicidad, pues nos permite ser lo que somos en esencia.
La vocación es don y tarea, y hoy me siento profundamente feliz, sostenida por el Señor, por su Gracia, y porque me permite cada día disponerme, vivir consciente, trabajar por ser cada día mejor persona, en entrega a los jóvenes que se me confía. Doy gracias por mantener en mí ese deseo de «pasar haciendo el bien»… consciente y acogiendo mi propia vulnerabilidad.



Deja un comentario