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¿Cómo te sentiste la primera vez que llegaste al Centro Social?

Como si estuviese en mi casa.

La inmigración es un fenómeno que ha existido a lo largo de la historia de la humanidad. Según datos del Instituto Nacional de Estadística (INE), se estima que en España hay alrededor de 5 a 6 millones de personas inmigrantes, lo que representa aproximadamente el 10-12% de la población total.

Y es que las experiencias migratorias no son fáciles para muchos de los que acuden a nuestros países.

Para poder venir, no sólo han tenido que romper lazos con su país y muchas veces con sus familias, sino que también han tenido que endeudarse para pagarse el viaje.

Uno de los mayores aprendizajes que he experimentado a lo largo de los años, es la MIRADA que tenemos hacia los demás. Ya lo decía Vicenta María “cuando veo a las jóvenes, se me ensancha el corazón”. Una forma de ver y entender con compasión y empatía que busca ver más allá de las acciones o situaciones superficiales y que nos lleva a la humanidad compartida. Esta mirada nos invita a reconocer el sufrimiento y las dificultades de las personas,

ofreciendo apoyo y comprensión en lugar de juicio.

Nunca debemos olvidar que la empatía nos ayuda a construir puentes con las personas.

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Decimos que nuestros Centros Sociales son espacios de acogida y cauce de intervención social, abierto a las necesidades de las mujeres inmigrantes, realizando un trabajo desde la prevención, la promoción y la formación integral de las mujeres inmigrantes.

Pero también son espacios donde se busca compartir enseñanzas, realizar actividades comunitarias, fomentar el crecimiento espiritual y transmitir valores cristianos, creando un ambiente acogedor donde se pueda dialogar, aprender y fortalecer la fe. Desde mi experiencia, es en este sentido, donde realmente marcamos la diferencia y lo que provoca que nos sientan como su CASA.

Como Jesús.

En palabras de JESÚS: “vayan por todo el mundo y anuncien las buenas nuevas a toda criatura”. Lo que para mí significa: compartir el amor, la esperanza y la salvación que se encuentran en Cristo. He podido comprobar que la FE tiene un papel fundamental en las mujeres inmigrantes, que les ayuda a sobrellevar las dificultades con las que se encuentran.

El viaje emocional de una mujer inmigrante es un proceso complejo que abarca

desde la esperanza y el miedo

hasta la resiliencia y la adaptación.

Acompañar en este viaje no sólo hace que impactemos en la vida del otro, sino que también ha provocado que mi fe se fortalezca.

Reconocer y abordar las necesidades emocionales y espirituales es esencial para facilitar su integración y bienestar en la sociedad. Al final, cada historia es única, y cada mujer aporta su fortaleza y experiencia. 

La vida que nos rodea está llena de dificultades y desafíos, por lo que ser agentes de pastoral en nuestros Centros Sociales, es fundamental, creando espacios de oración, reflexión, formación y siendo testimonio de nuestro CARISMA.

por Bea Sánchez, directora del Centro Social de Logroño.

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