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un poco de contexto

En 1776 estamos a exactamente 100 años de que Vicenta María reciba el visto bueno de la fundación.

Evidentemente, ni ha nacido todavía. En Europa se cuecen algunos intentos de explorar esta idea novedosa: quizás las personas seamos en el fondo buenas (es que habíamos funcionado durante siglos con todo un sistema que se basaba en un ser humano inevitablemente “caído”). ¿Qué implicaciones prácticas puede tener cambiar todo un modo como nos vemos a nosotros mismos?

Investigando por ahí, surgen, con Adam Smith (La riqueza de las naciones, 1776),  los primeros borradores del sistema económico que definirá el mundo occidental hasta el día de hoy: el capitalismo. Su idea base es que el egoísmo individual es, en el fondo, benéfico: ya que en esencia somos buenos, en la medida en la que cada uno persiga egoísticamente sus intereses habrá una especie de mano invisible que lo acomode todo. Entonces, se desarrollará también naturalmente la justicia a través de nuestra acción.

Pues, ya que somos buenos, seríamos naturalmente portados a intercambiar con los demás… y se fortalecen a la par las ideas de que las personas necesitamos siempre de la ayuda de los demás. Además, a alguno se le ocurre que, entonces, será mucho más eficaz que una misma pieza pase por muchas manos, hasta obtener el producto final. Así, poco a poco, el mundo empieza a pensarse como una enorme cadena de montaje. Una fábrica.

Como ocurre normalmente, una gran intuición necesita grandes ajustes, pues las cosas no suelen ser tan utópicas en la vida real como lo son en nuestras cabezas y corazones. Y lo que había empezado revolucionando la forma como nos vemos a nosotros mismos ni tan siquiera hoy lo hemos podido descifrar del todo .


como resultado de todas estas novedades, se da un crecimiento muy grande en las ciudades

El mercado libre, por esto que veíamos del promocionarse egoisticamente, es basilar en estas primeras formas de capitalismo. Pero el desajuste con el cual no contaba Smith fue que no estábamos tan desarrollados moralmente como para que se diera eso de la mano invisible. Así los ricos que podían invertir se hicieron cada vez más ricos y los pobres -los proletarios- cada vez más explotados.

A la par, dado que el trabajo en las ciudades era más estable que en los campos -por no estar sujetos a las intemperies- se dio un gran éxodo rural. También las chicas de los pueblos se entusiasman con estos movimientos. Las ciudades se van apilando de gente envuelta en jornadas laborales agotadoras, jornales escasos, trabajo infantil, viviendas insalubres,… La llamada “cuestión social” fue el intento de recoger las inquietudes de los intelectuales, políticos, religiosos y “cristianos de buena voluntad” de la época ante todos estos efectos secundarios de la revolución industrial. Y aquí entran en escena Vicenta María, sus tíos y las chicas del servicio.

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