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Confianza en Dios

Palabra de Dios

Mc 4, 35-40

Se levantó un viento huracanado, las olas rompían contra la barca que estaba a punto de anegarse. Él dormía en la popa sobre un cojín. Lo despertaron y le dijeron: «Maestro, ¿no te importa que naufraguemos?» Se levantó, increpó al viento y ordenó al lago: «¡Calla, enmudece!» El viento cesó y sobrevino una gran calma. Y les dijo: «¿Por qué sois tan cobardes? ¿Aún no tenéis fe?» Llenos de miedo se decían unos a otros: «¿Quién es éste, que hasta el viento y el lago le obedecen?»

Reflexión

Quizá la actitud más importante, la única realmente importante para la vida de fe sea la confianza en Dios. Sin que casi nos demos cuenta, vivimos en una verdadera cultura del miedo: miedo a la situación económica, miedo a suspender un examen, miedo a perder a los amigos, a la pareja, miedo a unos mercados impersonales que deciden la sanidad y la vida de millones de personas en el Tercer mundo… Miedo también a profesar nuestra fe, miedo a ser rechazados por la tendencia dominante, … y lo que es peor: miedo a equivocarnos al intentar vivir los ideales del Reino que nos propuso Jesús.

Por el miedo a equivocarnos» -como dice Maldita Nerea – es precisamente por lo que dejamos de amar, dejamos de arriesgar, dejamos de hacer todo lo que es justo y grande en nuestras vidas…

¿Qué estás dejando de hacer por miedo a equivocarte?

¿Qué miedos te paralizan en estos momentos?

No te pido, Señor, estar libre de miedo; dame sólo coraje para afrontarlo. Cuando te quedas paralizada, sin luchar por aquello a lo que te sientes llamada por miedo al fracaso, estas realmente fracasando.

Nuestro más profundo temor no es el ser inadecuados. Nuestro más profundo temor es que somos poderosos más allá de cualquier medida. Es nuestra luz, no nuestra oscuridad, la que nos intimida. Nos preguntamos, ¿quién soy yo para ser brillante, magnífico, talentoso y fabuloso? Pero en realidad, ¿quién eres tú para No serlo? Tú eres un hijo de Dios. No beneficia al mundo el que te desvalorices. No es nada iluminado el que te achiques de tal modo que otras personas no se sientan inseguras a tu alrededor. Hemos nacido para manifestar la gloria de Dios que está en nuestro interior. Y ésta no se encuentra presente tan solo en algunos de nosotros; sino en todos y cada uno. En la medida en que dejamos brillar nuestra luz, inconscientemente damos a otros permiso para hacer lo mismo. En la medida en que somos liberados de nuestros miedos, nuestra presencia automáticamente libera a los demás.

– Nelson Mandela

Puntuación: 5 de 5.

Descárgate la oración Confianza en Dios:

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