Empezamos disponiéndonos a la escucha con un ejercicio de silenciamiento interior.
Lectura de la palabra
Lc 19,1-10
[1] Entró Jesús en Jericó y la fue atravesando, [2] cuando un hombre llamado Zaqueo, jefe de recaudadores y muy rico, [3] intentaba ver quién era Jesús; pero a causa del gentío, no lo conseguía, porque era bajo de estatura. [4] Se adelantó de una carrera y se subió a un sicómoro para verlo, pues iba a pasar por allí. [5] Cuando Jesús llegó al sitio, alzó la vista y le dijo: —Zaqueo, baja aprisa, pues hoy tengo que hospedarme en tu casa. [6] Bajó a toda prisa y lo recibió muy contento. [7] Al verlo, murmuraban todos porque entraba a hospedarse en casa de un pecador. [8] Pero Zaqueo se puso en pie y dijo al Señor: —Mira, Señor, la mitad de mis bienes se la doy a los pobres, y a quien haya defraudado le restituyo cuatro veces más. [9] Jesús le dijo: —Hoy ha llegado la salvación a esta casa, pues también él es hijo de Abrahán. [10] Porque este Hombre vino a buscar y salvar lo perdido.
Comentario al evangelio
Los elementos a destacar en este relato, son múltiples y significativos. Entre esos elementos vamos a subrayar uno: la mirada, o mejor, las miradas, porque hay dos: la de Zaqueo, curiosa, y la de Jesús, salvadora. Zaqueo, jefe de publicanos, intentaba ver quién era Jesús (19, 2.3). Quería conocer al hombre que, a diferencia de los escribas y fariseos, no condenaba, sin más, a los publicanos; pero no quería ser visto, porque tenía mucho dinero (19, 2) y no era conveniente mezclarse con aquella gente desclasada que acompañaba al rabí de Nazaret. Por eso se subió a un sicómoro para verlo, pues debía pasar por allí (19, 4). Quería ver sin ser visto; pero no consiguió su propósito, o lo consiguió sólo a medias. Al pasar Jesús, con su atenta mirada, le descubre, camuflado entre el tupido ramaje del sicómoro, y, sobre todo, le descubre el futuro. La mirada de Jesús se traduce en deseo: Quiero hospedarme en tu casa (19, 5). Zaqueo aceptó ser descubierto y aceptó el descubrimiento que aquella mirada le ofrecía. No se lo pensó dos veces, bajó deprisa y lo recibió con gozo (19, 6).
Y ya no apartó sus ojos de los de Jesús. Era verdad aquel rumor-crítica de que el profeta de Nazaret era amigo de publicanos y pecadores (Lc 7, 34) y que no tenía reparos en compartir con ellos la mesa (Mc 2, 15). ¡Él lo estaba experimentando ahora! En aquella mirada, Zaqueo se sintió llamado y amado. Jesús no juzgó su vida ni la moralizó, sencillamente la visitó. Y esa visita cordial, abierta y desprogramada fue suficiente para que Zaqueo comprendiera el alcance del gesto. Ninguna reconvención, ningún reproche… Jesús le miró. Y en aquella mirada Zaqueo descubrió esperanza, futuro, amor…; y aquella mirada le convirtió: Señor, voy a dar la mitad de mis bienes a los pobres, y en caso de que haya defraudado a alguien, le devolveré el cuádruplo (19, 8). Todo terminó en fiesta, con un cambio trascendente: el publicano Zaqueo es reconocido como hijo de Abrahán (19, 9). Y es que saber mirar puede ser el estímulo para iniciar nuevos caminos.
Dinámica
Miradas
La mirada de Jesús
Puedes pararte un momento para centrarte en la mirada de Jesús que intuyes desde la contemplación del evangelio.
La mirada de Zaqueo
Ahora haz lo mismo con la mirada de Zaqueo.
Mi mirada
Sin recurrir al juicio, observa amorosamente cómo es tu mirada.
Después de realizado este ejercicio de compara y contrasta, dedica un momento a contestar a las siguientes preguntas:
¿Qué necesito trabajar en este momento para asemejar mi mirada a la de Jesús?
¿Qué puedo aportar con ello a mi realidad y a las personas con las que comparto la vida?
Jesús si vienes a nuestra casa, no la vas a encontrar arreglada. No todo está limpio, Señor. No nos atrevemos a dejarte entrar, pero necesitamos que vengas. Solo tú puedes cambiar nuestras vidas. Solo tú puedes renovarnos por dentro. Ven y entra en nuestra casa como entraste en la de Zaqueo. Necesitamos sentir tu salvación. Entra hasta el fondo en nuestra vida. Enciéndenos por dentro, reaviva nuestras fuerzas y el aliento. Ven a buscar y salvar lo que estamos echando a perder.




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