Busco un lugar confortable, un espacio donde mi cuerpo y mi mente puedan descansar. Poco a poco, me voy dejando llevar, sin prisa, sin exigencias. Empiezo a tomar conciencia de mi respiración: el aire entra y sale suavemente, y con cada exhalación siento cómo se liberan las tensiones acumuladas, las preocupaciones, los ruidos, las prisas del día…
Desde este silencio profundo, desde esta calma , dejo que mi mirada interior se pose dentro de mí… y en esa contemplación serena, me pregunto:
¿Qué resuena en mi corazón cuando pienso en ti?
Compromiso
A implicarme con dedicación y entrega en la realidad de los jóvenes.
A conocer sus ambientes, sus contextos, sus modos de vida, porque solo desde el conocimiento real puedo acompañarlos de verdad. A formarme de manera constante, a crecer humana y espiritualmente, para estar a la altura de sus necesidades. A descubrir qué les inquieta, qué les apasiona, cómo se comunican, qué les emociona… para poder hablar su lenguaje, entender su expresión y vivir con ellos sus búsquedas.
A cuidar mi fe, a no descuidar mi relación con Dios, a dedicar tiempos de calidad a la oración, donde mi alma se nutre y fortalece y así poder sostener también a otros.
Visión
A ir más allá de lo inmediato. Ser capaz de ver lo que otros aún no ven, de intuir lo que puede llegar y estar preparada para acompañar, para prevenir desde el conocimiento, la experiencia y la presencia atenta.
Aspiro a tener una mirada afinada que no pase por alto los detalles, que esté alerta a los signos, que sepa leer lo que hay en lo profundo, no solo en la superficie.
Perseverancia
Seguir caminando aunque a veces cueste, no soltar lo que nace del corazón.
Disfrutar del trayecto, no solo de las metas. Aprender en cada paso, crecer con cada experiencia. Y todo ello, desde y por el amor. Porque cuando se ama de verdad, se permanece, se confía, se entrega.
Compartir
No quiero vivir esto sola. Deseo vivirlo con ellas, junto a ellas. Quiero compartir tiempo, experiencias, palabras, silencios… conocer sus historias, acompañarlas en su caminar.
Estar cerca, de verdad. Escuchar sin juzgar. Dejarme sorprender por sus vidas, por su manera de ver el mundo. Aprender con ellas y de ellas, crecer juntas.
Testimonio
Sé que para poder cuidar, primero debo cuidarme. Mi vida también habla, y por eso necesito vivir en coherencia. Ser referente no significa ser perfecta, sino auténtica. Cultivar mi fe, mi bienestar, mi equilibrio, para poder ser un reflejo creíble de esperanza, de fe viva, de Dios presente.
Abrigar
Quiero ser abrigo para otros. Acoger con ternura, sin condiciones. Hacer sentir a cada joven que es valioso, que es valiosa, que merece amor sin peros, sin etiquetas ni prejuicios. Porque el amor fraterno se demuestra en los gestos sencillos, en la mirada que no juzga, en el corazón que abraza.
Alegría
Ser signo de alegría cada día. Una alegría verdadera, que nace de la fe y se contagia. Estar con los jóvenes me da vida, y quiero que esa vida se note. Que la alegría de estar con ellos sea testimonio de que Dios está en medio de todo.
Comunidad
No soy isla. Camino con otros. Y juntos formamos una comunidad que da sentido, que fortalece, que acompaña. Siento un profundo sentido de pertenencia a esta familia que camina con los jóvenes, que cree en ellos. Aquí descubro mi identidad, aquí soy más yo.
Gracias
Gracias, Señor, ya que por mediación de Vicenta María , has tocado mi corazón y lo has hecho sensible a una realidad concreta: la de los jóvenes. Gracias por revelarme, a través de ellos, un sentido profundo para mis días, una razón para entregarme con pasión y esperanza. Gracias porque me ayudas a levantar la mirada, a no quedarme en mí misma, a mirar y ver a los jóvenes como Tú los ves, con ternura y confianza.

“Cuando estoy con las jóvenes, se me ensancha el corazón…”
Y es cierto. Porque en ellas descubro tu rostro. En su vida, tu llamada. En su historia, tu paso.
Gracias por acercarme más a Ti, a través del testimonio de quien supo vivir con pasión su vocación: Santa Vicenta María. Gracias porque su santidad sencilla y profunda me inspira cada día. Porque su lema —“la voluntad de Dios es mi único norte”— resuena con fuerza en mi interior y se convierte también en mi deseo.
por Elisa Hermoso, profesora en nuestro María Inmaculada Sevilla.



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