Educar proviene del latín educere, que significa sacar hacia fuera. En este sentido nos recuerda la mayéutica platónica: el educador a través de las preguntas adecuadas, ayuda al educando a sacar a la luz, a «parir» la sabiduría que lleva dentro. Entendida así, la educación es un gran parto en el que los educadores hacemos el papel de parteras: ayudamos, damos indicaciones, pero quién ha de esforzarse por dar a luz su ser, a todos los niveles, es el alumno. […] Los educadores hemos de tener esa capacidad de proteger la vida que late en nuestros alumnos y que, en ocasiones, se ve amenazada por tantas cosas que impiden que el niño, el adolescente, el joven, puedan dar a luz lo mejor de sí mismos.
ANDRÉS, E., La educación de la interioridad. Una propuesta para secundaria y bachillerato, Recursos de Pastoral, Editorial CCS, Madrid 2014, 23.
Cuando nacemos tenemos una capacidad infinita de amar y ser amados. Como una pantalla en blanco. A medida que vamos creciendo nos encontramos con un Tú, es decir, algo que nos da la sensación de distinto. Y a partir de ello vamos definiendo el Yo individual, que incluye esa capacidad infinita de amar y se manifiesta en unas cualidades concretas.
Seguimos creciendo, nos dicen que no deberíamos ser así, o que deberíamos ser más… eso duele… ese yo siente dolor, se hiere, sufre…y sentimos vergüenza, miedos, y vamos creando mecanismos para protegernos de ese dolor… como una coraza. Cuanto «peor nos portamos» más dolor hay escondido en nosotros. Nos vivimos desde esa coraza.
La meditación y las prácticas de silenciamiento ayudan a poco a poco, ir atravesando esa coraza y a situarnos desde nuestro núcleo sano. Es difícil porque hay que atravesar todo el dolor y sufrimiento del cual nos hemos protegido. Es muy sencillo, basta centrar la atención y muy difícil al mismo tiempo porque la mente quiere seguir protegiéndose y huye de la quietud. La práctica consiste en traer la atención, con cariño, a lo que está ocurriendo, dejar que lo que esté sea tal y como es ahora mismo.
Con la espalda recta, los pies bien apoyados, la pelvis ligeramente inclinada y la barbilla ligeramente metida para estirar las cervicales… voy dejando que la postura me encuentre…
Mis cualidades esenciales
Una forma de conocer cuáles son mis cualidades esenciales es a través de la historia de mis logros. Esas cosas que me hicieron sentir mucha alegría, bien conmigo mismo, igual fue algo difícil que he superado, o haber aprobado un examen, o aprender a montar en bici… todos tenemos algo que nos hace sentir «he logrado», «he podido»… pues detrás de eso están algunas de nuestras cualidades esenciales.
Fuente: Alodia Cabañas
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