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close up of flowers in a meadow

Cuidarme, cuidar

Comienzo esta reflexión con una invitación:

Párate un momento y escucha por dentro cómo te resuenan estas palabras: cuidar, cuidado, cuidarme. Tengo la intención de compartir contigo una pequeña reflexión que nos anima a tener de fondo la experiencia personal y así poder hacer una lectura dialogada con la propia luz. La novedad de este compartir está en las certezas (que estando en ti) puedas redescubrir y nombrar.

crop face of female with freckles

Según mi búsqueda, la palabra «cuidar» etimológicamente proviene del latín «cogitāre», que significa «pensar», «discurrir» o «considerar». Se ha sugerido que la evolución fonética de «cogitāre» a «coidar» y luego a «cuidar» refleja una transición del significado de «pensar» a «tener cuidado» o «asistir». 

Como vemos en su inicio el verbo tenía un componente cognitivo (pensar), pero luego se amplió a la acción de prestar atención y protección. Aunque esta palabra se concreta, se encarna, en una acción, si volvemos sobre su origen etimológico, también precisa de nuestro pensar, caer en la cuenta, decidir qué decir, qué hacer y cómo hacerlo.

La palabra CUIDARME, es decir, reconocer, valorar, experimentar en mí dinámicas de atención, escucha, protección, y concretarlo en acciones que favorezcan mi propio crecimiento, hace posible y real esta máxima: “el verdadero cuidado comienza por uno mismo”.

El cuidado más consciente es el que

nace de la propia experiencia

y esta se pone al servicio de las personas. Dios nos manifiesta su Amor en su modo de cuidarnos; dejar que esto suceda en nosotros y experimentar profundamente cómo transforma nuestras actitudes es un regalo que no tiene precio. Sabemos que no se puede dar lo que no se tiene, cuando he recorrido el camino de reconocerme, acogerme, atenderme, desde esa experiencia fundante puedo dar el paso siguiente que es “salir del propio, amor, querer e interés” (Ignacio de Loyola EE 189).

arms of a person with skin problem

Tener cuidado de algo, de alguien, es una forma de PREVENIR: El cuidado desde la vertiente de la prevención nos enseña y ayuda, o mejor dicho, nos pone en sintonía y nos acerca a la otra persona en su totalidad, es decir, inmediatamente genera dentro de nosotras resortes que nos ponen en la onda de

¿Qué necesita?

¿Qué puedo desplegar con esta persona?

¿Qué puedo ofrecer?

Salgo de mi para entrar en su necesidad y trabajar por ella y para ella. Esta disposición siempre desde el respeto a la dignidad de la otra persona, a su situación, a su momento. Además, entra en juego la escucha, la empatía, la capacidad de comprender para dar, desde la necesidad de la otra persona, nunca desde mi idea o pensamiento de lo que considero que sería prioritario.

Cuando cuidamos desde la libertad que da el propio conocimiento, la gratuidad y el descubrimiento de la verdad y belleza que hay en nosotros, en todos los seres humanos, y que ésta nos ha sido dada, inevitablemente se generan en nosotros actitudes de colaboración con la obra de Dios.

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