Aquel mismo día, dos de ellos iban a una aldea llamada Emaús… Iban comentando todo lo sucedido. Mientras conversaban y discutían, Jesús en persona los alcanzó y se puso a caminar con ellos. Pero ellos tenían los ojos incapacitados para reconocerlo. Él les preguntó: -¿De qué vais conversando por el camino?
Ellos se detuvieron con semblante afligido, y uno de ellos, llamado Cleofás, le dijo: – ¿Eres tú el único forastero en Jerusalén, que desconoce lo que ha sucedido allí estos días? Jesús preguntó: -¿Qué cosa? Le contestaron: -Lo de Jesús de Nazaret… ¡Nosotros esperábamos que él fuera el liberador de Israel!, pero ya hace tres días que sucedió todo esto… Jesús les dijo: -¡Qué necios y torpes para creer cuanto dijeron los profetas! ¿No tenía que padecer eso el Mesías para entrar en su gloria?… Y les explicó lo que en toda la Escritura se refería a él. Se acercaban a la aldea adonde se dirigían, y él fingió seguir adelante. Pero ellos le insistieron: –Quédate con nosotros, que se hace tarde y el día va de caída. Entró para quedarse con ellos; y, mientras estaba con ellos a la mesa, tomó el pan, lo bendijo, lo partió y se lo dio. Entonces se les abrieron los ojos y lo reconocieron. Pero él desapareció de su vista. Se dijeron uno al otro: –¿No se abrasaba nuestro corazón mientras nos hablaba por el camino y nos explicaba la Escritura? Al punto se levantaron, volvieron a Jerusalén y encontraron a los Once con los demás compañeros, que decían: -Realmente ha resucitado el Señor y se ha aparecido a Simón. Ellos por su parte contaron lo que les había sucedido en el camino y cómo lo habían reconocido al partir el pan.
Lc 24
y dijo Dios

Si tienes miedo, te llevo sobre mis espaldas.
Si quieres caminar, iré contigo.
Si me llamas, vengo siempre.
Si te pierdes, no duermo hasta encontrarte.
Si estás cansado, soy tu descanso.
Si pecas, soy tu perdón.
Si me hablas, trátame de tú.
Si me pides, soy doy para ti.
Si me necesitas, te digo: aquí estoy entro de ti.
Si te resientes, no quiero que hagas nada a la fuerza.
Si estás a oscuras, soy lámpara para tus pasos.
Si tienes hambre, soy pan de vida para ti.
Si eres infiel, yo soy fiel.
Si quieres conversar, yo te escucho Siempre.
Si me miras, verás la verdad de tu corazón.
Si estás en prisión, te voy a visitar y liberar.
Si te marchas, no quiero que salves las apariencias.
Si piensas que soy tu rival, no quiero quedar por encima de ti.
Si quieres ver mi rostro, mira una flor, una fuente, un niño.
Si estás excluido, yo soy tu afligido.
Si todos te olvidan, mis entrañas se estremecen recordándote.
Si no tienes a nadie, me tienes a mí.
Si eres silencio, mi palabra habitará en tu corazón.
¡Gracias, SEÑOR por darnos Vida con tu Vida!
Abre hoy tu corazón a Jesús Resucitado, permite que llegue su luz a tu vida. Jesús cuenta contigo para compartir y dejar que su luz llegue a los demás. El siempre nos pide compromisos que repercutan en los demás, haciendo el bien en este mundo. Merece la pena entrar en la rueda del dar sin esperar nada a cambio.
Ir dando, regalando vida a los demás. ¡Ánimo!
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